Buscar el lado positivo del confinamiento por el coronavirus para personas con cáncer

Buscar el lado positivo al confinamiento por coronavirus a pacientes con cancer

De la vita activa a la vita contemplativa

 

Cuando nos detenemos, todo adquiere otra dimensión y, con ello, podemos observar cosas que nos pasan inadvertidas. Si estamos ante un proceso oncológico, de alguna manera, ya hemos parado; pero ahora con el confinamiento, debido a la pandemia del COVID-19, todavía se agudiza más la situación.

El confinamiento al que nos hemos visto abocados, con la intención de prevenir la extensión masiva de la pandemia del coronavirus y el colapso de las estructuras sanitarias, nos ha situado en una nueva tesitura; hemos pasado de la vita activa a la vita contemplativa.

La actividad desenfrenada de la condición urbana en la que vivimos arrebata al ser humano de cualquier elemento contemplativo[1]. De golpe, tenemos una oportunidad de ver que en la vita activa la prisa y la aceleración que se han producido, a partir de un concepto muy especial del tiempo, han generado el desmoronamiento de estructuras sociales que proporcionan continuidad y duración; por ello, las costumbres sociales como la fidelidad, el compromiso, el compartir, que son prácticas que crean un lazo con el futuro y limitan un horizonte, son cada vez más difíciles. En realidad, al parar, podemos ver que la atomización y el aislamiento se extienden cada vez más en toda nuestra sociedad[2].

Esa nueva tesitura la podemos vivir con angustia ya que, el detenernos de golpe, nos causa un impacto importante y más si ya hemos “parado” nuestras vidas para enfrentarnos a un proceso oncológico. Nos puede crear una “opresión en el pecho”.

Lo primero que hay que hacer es ser conscientes de que es normal sentirnos angustiados. Es como si, de repente, a un Ferrari desbocado a máxima velocidad le aplicamos el freno de mano. Todas nuestras rutinas y nuestras acciones cotidianas se ven alteradas y, además, el temor a que se manifieste la enfermedad en alguno de nuestros familiares y amigos o en nosotros mismos, y que la crisis sanitaria impida que se pueda tratar correctamente, agrava la situación pudiendo causar crisis de angustia o crisis de ansiedad.

Hay una libertad primera:

la de estar callado.

Y otra tal vez más alta:

la de permanecer muy quieto

escuchando el murmullo de todo lo que vive.

– Chantal Maillard[3]

El trastorno de angustia y ansiedad:

 

Pero ese detenernos todavía más, también nos puede hacer ver que estamos viviendo un mundo desbocado, como el del Ferrari. Que en realidad esa vida tan activa nos impide ver otras realidades que siempre están presentes. La vida frenética supone un coste de oportunidad a la condición humana de cara a la vida del espíritu y del alma.

El disminuir la actividad general y el tráfico de nuestras calles nos puede hacer ver la necesidad que tenemos de oír el sonido del silencio y lo importante que puede ser ese silencio; nos puede hacer ver la realidad de que pensar solamente en nosotros nos separa o nos aísla y puede que con ello aparezca un sentimiento participativo y lo importante que es el compartir; nos puede hacer ver que el equilibrio del planeta y de nuestra sociedad son frágiles y tenemos que cuidarlos y lo importante que es el principio de sostenibilidad; nos puede hacer ver que podemos relacionarnos con los demás de muchas formas que no son las habituales y con ello ganar el número de acercamientos entre nosotros y lo importante que son para nosotros las relaciones; nos puede hacer ver cómo vivimos las realidades temporales de forma equivocada y siempre dependiendo de la actividad, en las que la cantidad supera la calidad y lo importante que es la ecuanimidad; nos puede hacer ver que ahora, también por la disminución del tráfico en las ciudades, si abrimos las ventanas el aire que respiramos es mucho más puro y lo importante que es el tema de la contaminación; también podemos ver lo relativo que en realidad es todo y lo importante que es el vivir momento a momento. En definitiva, nos puede abrir a otras dimensiones de ver el mundo o la realidad y, con ello, poder actuar desde otro punto de vista diferente del que partía de esa actividad desbocada.

Con la crisis del coronavirus Covid-19 estamos parando y podemos aprender que la mayor parte de los asuntos corrientes pueden esperar, y que la prisa y la actividad constante nos lo impiden.

En lugar de vivir en la angustia y la ansiedad, podemos aprovechar la ocasión y escuchar, como ha escrito Chantal Maillard, “el murmullo de todo lo que vive”.

 

Bibliografía:

[1] Byung-Chul Han, El aroma del tiempo, Barcelona, Herder, 2015, p. 11.

[2] Byung-Chul Han, El aroma del tiempo, Barcelona, Herder, 2015, p. 37.

[3] Chantal Maillard, Hainuwele, en: Chantal Maillard, Hainuwele y otros poemas, Barcelona, Tusquets Editores, 2009, p. 49.

 

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Artículo redactado y validado por:

Dr. Jordi Vila

(Médico de Familia y homeópata). Área de ecomedicina y medicina de la complejidad. www.imohe.es

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