La palabra cáncer como tabú

la palabra cáncer como tabú

 

Aunque llegué en 2004 al mundo de la Oncología Médica, todavía hoy, que sigo ejerciendo como oncóloga, sigo sintiendo y viendo el terror que puede ejercer esta palabra de seis letras sobre las personas afectadas de “c-á-n-c-e-r”.

Veamos un poco de historia: hace 150.000 años, ya se describieron algunos casos de cáncer, pero eran casos no muy frecuentes. Fue a partir del siglo XVIII dónde las personas afectadas por esta enfermedad fueron aumentando hasta el día de hoy. Esta línea del tiempo nos indica que el cáncer no es algo nuevo y, cómo vemos, algo tan “viejo” sigue siendo aún objeto de un miedo profundo, silencioso y visceral.

Como médica oncóloga y sobretodo como mujer sintiente, siempre he respetado a mis pacientes, sus vivencias, su dolor, su pensamiento, al igual que intento ser respetuosa con la opinión de los demás: mis compañeros de profesión, otra gente… porque nadie tiene la razón del todo y mi parecer en esto viene dado por mi perspectiva como persona y por mis vivencias con vosotros, los pacientes.

La vida me ha enseñado que a las cosas es mejor llamarlas por su nombre, clara y abiertamente.  Muchas veces somos los propios profesionales de la salud, los que nos venimos arriba nombrando al cáncer como algo vago y poco tangible: mancha, sombra o inflamación…, sin pensar que aquello que no es claro sí que puede generar miedos irracionales.

Una cosa es tener empatía y dar el diagnóstico de una manera que, a mí, al menos me gustaría que se hicieran en personas con menos conocimientos, condición o situación, para facilitar su comprensión: usando palabras alejadas de los tecnicismos, pero con claridad, para poder ver, para poder “verse”. Si uno tiene cáncer, pues eso, tiene cáncer…

 

¿Porqué la palabra cáncer es considerada tabú?

 

El tabú en la palabra cáncer, viene dada por la siguiente ecuación: cáncer = a muerte. Si partimos de esa premisa, pues claro que cáncer = a muerte = a miedo x sufrimiento.

Pero lo cierto es que, a día de hoy, en el mundo siguen muriendo más personas de problemas cardiovasculares que de cáncer.

Creo que es hora de ser sinceros con nosotros mismos y con los demás en este ámbito, dejar de favorecer una cultura silenciadora y amiguista de aquello que nos cuesta afrontar,  aceptar  -en la medida posible-  que si tenemos cáncer, tenemos el derecho -y la responsabilidad- de saberlo, tenemos derecho decidir qué información queremos tener y cual no y a partir de ahí, con los profesionales que nos acompañen, actuar, que no es lo mismo que luchar contra un titán…Esto no es la guerra, sino un proceso vital.

 

¿Porqué nos cuesta tanto hablar sobre el cáncer?

 

Cada paciente, como cada persona en la vida, tiene su ritmo y su historia en la vida y en la enfermedad como parte de ésta. Pero, opino que una vez tenemos todos claro lo que hay, podemos dejar atrás la incertidumbre misma que no nos deja vivir plenamente, al menos respecto al diagnóstico y lo que ello implica en la realidad de cada uno.

Porque la incertidumbre forma parte de la existencia y sería importante que aprendiéramos a relajarnos en ella, a confiar un poquito más en la vida y en nuestro interior, sabiendo que, en cada momento, acompañados por seres queridos y profesionales de la salud, transitaremos las dificultades lo mejor posible.

Entendamos pues todos -personas, pacientes y profesionales- que el camino es largo pero provechoso si se hace con una buena medicina: la que lleva como ingredientes amor y comunicación.

Este es otro aspecto importante en la contribución al miedo: la falta de comunicación o mejor dicho la falta de una buena comunicación, que puede llevar a segundas lecturas, malas interpretaciones o recelos: “no me estará engañando”… Ello es en parte debido a la poca inversión de nuestro sistema sanitario en formación acerca de comunicación empática y al poco tiempo de calidad que disponen los profesionales de la salud para poder realizar esta labor tan compleja que es cuidar y acompañar de una manera adecuada y en todas sus dimensiones.

Por favor, no dejemos que una palabra de seis letras nos niegue la vida a ninguno de nosotros, puesto que somos dueños de nuestro destino o, al menos, de nuestra actitud frente a él.

 

 “Vivir la vida arruga la piel, pero no vivirla con amor, arruga el alma”

 

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Artículo redactado y validado por:

Dra Lola Martín

(Oncóloga médica). Unidad de Oncología holística de imohe. www.imohe.es

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