¿Paciente con cáncer y emprendedora? Si, es posible

testimonio de Ana Cris

 

Recuero el día que me dijeron que tenía cáncer de mama. Me desmayé en la consulta. A cambio, mi médica de cabecera, más maja que las pesetas (¿soy muy antigua?), me llamó por la noche a casa, para ver si estaba bien. Nunca me había ocurrido. Desde entonces, nuestra relación es especial.

Y eso, que yo ya me lo imaginaba desde el día en que me noté un bulto en el pecho. Mi madre ya había pasado por esto, y me dije “ahora tú”. La verdad, es que el trato que recibí desde el primer día en el Hospital Miguel Servet, de Zaragoza, de todo el equipo médico, fue excepcional. Fue, y lo sigue siendo, cuando nos vemos en las revisiones anuales.

 

Mi experiencia con el cáncer

 

Como por aquel entonces era joven (y lo sigo siendo), tenía 36 años, pues me llevé “el lote completo”, operación, quimioterapia, radioterapia, y cinco años de Tamoxifeno, que me podría permitir o no, ser madre algún día (de eso hablo luego).

Así que tiramos para adelante, y pasé unos meses, que quizá no fueron los mejores de mi vida, aunque también diré, que no fueron los peores. Te hablan mucho de la quimioterapia, de lo que te va a pasar, de lo que le pasó a la vecina, a la amiga de,… y tu cabeza empieza a dar vueltas, hasta explotar, o no… porque tú decides, si quieres hacer caso a toda esa gente que te está “intentando” ayudar, con la mejor intención del mundo, seguro, o a tu oncólogo, que es quien realmente sabe lo que te va a “chutar”, y las consecuencias que ese  tratamiento de va a dar. Así que “Rosiconsejo”: siempre escuchar a tu médico, él sí sabe, ha estudiado para ello, trabaja y vive de ello, tu vecina, no.

Después de mi operación, en la que todo fue muy bien, comenzaron con la quimio. Durante este tiempo, participé en un ensayo clínico que me propusieron, siempre voluntario. Que nadie se asuste, que es lo que hacemos todo, cuando oímos las palabras “ensayo clínico”.

En mi caso, me dieron un determinado tratamiento, había dos recuerdo. Y cada tres semanas, antes de realizar la quimio, me daban unos test, siempre con las mismas preguntas, y cuyas respuestas, iban o no cambiando conforme pasaban los ciclos de quimioterapia. Y allí se quedaron. Espero que, con esa pequeña y fácil colaboración, haber contribuido a despejar dudas a nuestros investigadores, a solucionar casos que tuvieran pendientes, aquellos en los que les faltara una pieza. Espero que fuera la mía, y que sirva para muchas más mujeres.

 

Mi vida después de la enfermedad

 

Y como todo lo bueno se acaba, pues lo malo también, y terminé mis ciclos de quimio, de radio, mis cinco años de Tamoxifeno… y comenzó mi vida normal. Con un poco de miedo, sí. Cuando el oncólogo te dice, “ya está, te veo en un año”, sientes una mezcla de gratitud, alivio, libertad, y miedo, sí también miedo. Porque hasta entonces, has estado bajo las alitas de esos ángeles llamados médicos, que sabes que te estaban vigilando muy constantemente, y ahora, te sientes huérfano. Y cuesta adaptarte de nuevo al día a día, pensando que no vas a ver a un médico en un año.

Pero todo este tiempo me hizo reflexionar, ver las cosas de otra manera, y me daba rabia que otros no las vieran igual. Rehíce mi vida, y oye, a los dos años, llegó Balma, mi niña, mi regalo de la vida, sin esperarlo.

 

Rosa en positivo

 

Y poco tiempo después, mi otro niño, este en forma de metros cuadrados, Rosa en Positivo, un proyecto que llevaba en la cabeza desde mi primera quimio, cuando perdí el pelo, y tuve que buscar una peluca aquí, unas cejas allá, sujetadores en el otro lado…. ay madre, y con las ganas que tienes en esos momentos de ir de compras… Me propuse que, por lo menos en mi ciudad, ninguna mujer pasara más por esto mismo que había pasado yo, y aquí estamos ya casi un año después, con Rosa en Positivo, un lugar de encuentro para pacientes con cáncer o familiares, donde encontrarán todo lo que necesiten. Una peluca preciosa, turbante moderno, cejas, maquillaje, cremas para los tratamientos especialmente oncológicas (y españolas), ropa adaptada para mujeres mastectomizadas, en fin, todo.

Porque ya con el cáncer perdemos bastante, no sólo nuestra identidad, si no también, nuestras fuerzas, nuestra energía, nuestras ganas de luchar muchas veces. Perdemos amigos que tienen más miedo que nosotras, familia, tiempo, planes de futuro… Y ni yo, ni Rosa en Positivo, queremos que le ocurra a nadie más, y que toda nuestra experiencia sirva para hacer un poquito más feliz a la gente. Desde nuestros productos, a nuestros talleres, charlas, presentaciones, etc…

 

Vivir es ahora, ni mañana, ni ayer, AHORA. Y si lo podemos hacer felices, con nosotros mismos, y con los que nos rodean, que más se puede pedir. Yo creo que nada.

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Artículo redactado y validado por:

Ana Cristina López

Ana Cristina López

Pasó por un cáncer de mama. Estuvo en un ensayo clínico. Emprendedora. Rosa en Positivo, es su proyecto. Su sueño.

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