El Pacto de Silencio: callando lo que nos da miedo expresar

Pacto de silencio en pacientes oncológicos

En el último artículo, hablábamos de uno de los síndromes que pueden desarrollarse en él familiar o cuidador de un paciente oncológico. Hoy vamos un poco más allá, hablando de otro síndrome que puede producirse entre varios miembros de la familia: el Pacto de Silencio (antes conocido como Conspiración del Silencio).

¿Qué es un pacto de silencio?

El propio nombre, ya da pistas de qué puede tratar esto que, en muchos casos, es habitual, sobre todo si hablamos de un mal pronóstico en la enfermedad. 

El Pacto de Silencio se refiere a un síndrome producido entre varios miembros de la familia, en el que se “pacta”, de manera explícita o implícita, el ocultar información sobre la enfermedad del familiar (desde el propio diagnóstico, a los tratamientos o incluso el pronóstico, mayormente si estamos hablando de una situación paliativa). 

Pactos de silencio ¿Por qué ocultamos información?

Lo que suele haber debajo de este silencio pactado es, la preocupación por el estado emocional del paciente. Muchas veces, los familiares ocultan datos sobre el estado de salud de su familiar, con el fin de protegerle de lo que creen, va a ser un dolor insoportable o una noticia difícil de encajar. 

Sabemos, por tanto, que la intención, es buena. Pero ¿sabemos las consecuencias que puede traer para el sistema familiar esto?

Cuando existe Pacto de Silencio, la intervención, desde el punto de vista psicooncológico, es con los familiares y no con el paciente. Hay que explorar estos miedos, aliviarlos y ayudar a los familiares a poder expresar lo que necesiten de manera ajustada y sana. También es importante mostrarnos disponibles para el paciente, para poder sostener el momento de recibir cierta información (siempre y cuando el paciente quiera saber). 

Las consecuencias del silencio pactado, desde un acto de intentar cuidar

Para las personas que guardan información tan importante, el llevar a cabo este “pacto” es una manera de sentenciarnos a no poder sentirnos libres de expresar lo que necesitemos, en presencia nuestro familiar. 

Con esto, hace que estemos más alerta de qué es lo que decimos y en presencia de quién. Pedimos a otro que, por favor, nos guarde el secreto y poco a poco vamos tejiendo una red donde alrededor solo tenemos personas que saben qué está pasando, pero que no tienen permiso para expresarse. 

Esta red se desarrolla con el paciente en el epicentro, que cada vez es más consciente de que algo está ocurriendo a su alrededor (salvo en casos excepcionales, donde se vean afectadas las capacidades cognitivas de la persona). 

Pacto de silencio en pacientes oncológicosDesde esta sensación, el paciente a veces pregunta con la intención de calmar su angustia, recibiendo una negativa por parte de sus familiares. Otras, decide no preguntar directamente, pues se siente prohibido para hablar, al igual que el resto de sus seres queridos. ¡Qué paradójico! ¿verdad?

Fijaos desde el amor generamos una situación de incomunicación familiar con consecuencias gravísimas para la salud mental de ambas partes: preocupaciones sin compartir, miedos sin resolver, últimas voluntades sin cumplir, despedidas sin producirse y conflictos sin atender, aislamiento, soledad y sufrimiento.

Desde el amor por proteger, y el miedo a que la otra parte sufra, dañamos la relación y la comunicación. 

Pacto de silencio en pacientes oncológicos ¿Hasta dónde podemos llegar?

Aquí abrimos un melón interesante, donde la ética y los derechos el paciente entran en juego. 

¿Debe un paciente saber toda la verdad sobre lo que le ocurre? Sí, siempre y cuando él quiera saber y así lo exprese. 

¿Debemos ocultarle información a la persona sobre su enfermedad? No, nunca. Excepto cuando exprese su deseo de no saber. 

Es habitual ver cómo los acompañantes entran a la consulta del médico u oncólogo y se les explica la realidad sobre su familiar. Otras veces, esto se hace aprovechando que el paciente no está presente, donde médico y acompañante comentan alguna información sobre el estado de salud del mismo. 

Es frecuente ver este tipo de dinámicas sobre todo si hablamos de personas de cierta edad o edad avanzada. Hablamos de ocultarle información al propio paciente sobre su estado de salud, pero también, puede darse hacia otros familiares que sentimos vulnerables (por ejemplo, el cónyuge o los hijos).

Termino por hoy, lanzándolos unas preguntas que os lleven a la reflexión.

¿Tiene derecho a una persona a saber qué está ocurriendo en su cuerpo y con su salud? 

¿Darle al paciente la información que desea sobre lo que ocurre, le ayudará a tomar decisiones más conscientes sobre algunos aspectos de su vida?

¿Hay derecho a negar a una persona, sea de la edad que sea, la verdad sobre lo que ocurre en su cuerpo y en vida? 

La información sobre la enfermedad muchas veces provoca angustia. Sin embargo, los estudios demuestran cómo esa ansiedad, poco a poco se va regulando, a medida que el paciente empieza a aceptar lo que está ocurriendo. Y después, puede adaptarse mejor a la enfermedad y tomar decisiones sobre su salud desde el empoderamiento. Involucrar al paciente en su proceso de tratamiento, les da sensación de poder y valor. 

Si tienes alguna duda, ponte en contacto con nosotros y estaremos encantados de ayudarte. Y si quieres agendar una visita con nuestra psicooncóloga Marta Garrido, puedes escribirle aquí

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Artículo redactado y validado por:

Marta Garrido

Marta Garrido

Psicooncóloga.

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